AESTIVUM - La Trufa de Verano

Trufa de Verano - Aestivum - Montruffles

La trufa de verano o Tuber Aestivum crece en un hábitat similar al de la trufa negra; es decir, junto a las raíces de bosques mediterráneos, si bien no requiere unas condiciones ambientales tan específicas como la trufa negra en cuanto a composición de la tierra y humedad. Esto se traduce en una mayor facilidad de cultivo aunque también en unas propiedades menos espectaculares, como un aroma de menor intensidad que el de la trufa negra.

También conocida como trufa de San Juan, la recolección de la trufa de verano se realiza entre los meses de mayo y septiembre.

Oscura por fuera y de formas piramidales más pronunciadas, se diferencia fácilmente de la trufa negra por dentro.

En su interior, la trufa de verano es de color marrón claro con estrías blancas cuando madura.

De sabor más suave que la trufa negra, la Tuber Aestivum también es muy apreciada por su múltiples posibilidades gastronómicas

La trufa de verano es perfecta para acompañar alimentos de esta temporada de verano aunque también puede utilizarse en conservas.

OTRAS VARIEDADES DE TRUFA

Trufa Negra - Melanosporum - Montruffles

Tuber Melanosporum - Trufa Negra

Rugosa, compacta y oscura en su exterior, la trufa negra presenta un interior negro violáceo, con vetas blancas cuando llega a su madurez en invierno.

CONSERVACIÓN Y CUIDADO DE LA TRUFA

Bajo tierra, lejos de luces y ruidos, las trufas se toman unos meses para madurar junto a las raíces de encinas, robles y otros árboles.

Una vez fuera, es preciso seguir mimando este hongo subterráneo para que mantenga todas sus propiedades.

Montruffles proporciona medios de transporte y envases adecuados para que las trufas frescas se conserven según sus necesidades de temperatura y humedad.

Una vez en su destino, las trufas se pueden conservar una semana en la nevera y cerca de diez meses en el congelador.

En la nevera, es aconsejable proteger las trufas de la humedad envolviendo cada una en un papel absorbente que debe cambiarse a diario.

Además, para evitar la pérdida de su aroma, tienen que guardarse en un envase hermético que hay que abrir de vez en cuando para que las trufas “respiren”. Se pueden almacenar junto a otros alimentos como huevos o mantequillas si se desea que estos adquieran olor y sabor a trufa.

Para prolongar el tiempo de conservación en nevera hasta un año se puede optar por conservar las trufas en su jugo. Para ello, basta con introducir las trufas limpias en un bote de cristal, cubrirlas con brandy o un vino blanco seco, tapar y hervir al baño María hasta que haga vacío.

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