MELANOSPORUM - La Trufa Negra

Trufa Negra - Melanosporum - Montruffles

La trufa negra o Tuber Melanosporum es un hongo que crece bajo tierra junto a las raíces de árboles mediterráneos, especialmente del género Quercus, como encinas y robles.

Su aroma es intenso; su sabor, sorprendente.

Su caprichosa silueta recuerda la de tubérculos como la patata pero con una peculiaridad: crece a modo de múltiples globos con formas piramidales y poligonales en su superficie. Rugosa, compacta y oscura en su exterior, la trufa negra presenta un interior negro violáceo, con vetas blancas cuando llega a su madurez en invierno. El período óptimo para la recolección de la trufa negra es de mediados de noviembre a mediados de marzo.

El valor de la trufa negra es apreciado en todo el mundo. España es el primer productor de trufa negra a nivel mundial, con los montes turolenses a la cabeza en producción truficultora.

Como no podía ser de otra forma en un entorno privilegiado como este, Montruffles apuesta por la trufa negra de Teruel y garantiza el origen español de todas sus trufas.

Montruffles, con delicadeza y precisión, selecciona trufas de máxima calidad y calibre uniforme para hacer inmemorables platos y momentos.

OTRAS VARIEDADES DE TRUFA

Trufa de Verano - Aestivum - Montruffles

Tuber Aestivum - Trufa de Verano

De sabor más suave que la trufa negra, la Tuber Aestivum también es muy apreciada por su múltiples posibilidades gastronómicas.

CONSERVACIÓN Y CUIDADO DE LA TRUFA

Bajo tierra, lejos de luces y ruidos, las trufas se toman unos meses para madurar junto a las raíces de encinas, robles y otros árboles.

Una vez fuera, es preciso seguir mimando este hongo subterráneo para que mantenga todas sus propiedades.

Montruffles proporciona medios de transporte y envases adecuados para que las trufas frescas se conserven según sus necesidades de temperatura y humedad.

Una vez en su destino, las trufas se pueden conservar una semana en la nevera y cerca de diez meses en el congelador.

En la nevera, es aconsejable proteger las trufas de la humedad envolviendo cada una en un papel absorbente que debe cambiarse a diario.

Además, para evitar la pérdida de su aroma, tienen que guardarse en un envase hermético que hay que abrir de vez en cuando para que las trufas “respiren”. Se pueden almacenar junto a otros alimentos como huevos o mantequillas si se desea que estos adquieran olor y sabor a trufa.

Para prolongar el tiempo de conservación en nevera hasta un año se puede optar por conservar las trufas en su jugo. Para ello, basta con introducir las trufas limpias en un bote de cristal, cubrirlas con brandy o un vino blanco seco, tapar y hervir al baño María hasta que haga vacío.

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